FUEGO QUE ENGENDRA FUEGO FIRE THAT ENGENDERS FIRE
Steven F.White trans. the poet
- en el nacimiento de nuestro hijo
DAVID McKENZIE WHITE



Voz roja de mi mar,
flor de las llamas
del estío enamorado,
perdona que te abramos
la vida, expulsándote
de tu noche perfecta
sin estrellas.

No importa cuándo aquello acabó,
gran suma del no ser
que ahora aumenta
tu magnitud.
Mientras asciendes para engendrarnos
a nosotros, tus padres heliotrópicos.
¡entra por nuestros ojos,
enséñanos la cifra ardiente,
eclípsanos con la belleza
de nuestra propia ímagen!

Viniste del huracán de dolor
de una mujer desgarrada por la tempestad.
Escurriéndote a través del anillo.
en una mariposa de hueso,
llegaste a las orillas
de la primavera, primogénito
quilla de luz azul
que nada pesa sobre el agua
náufrago, desconociendo
el aire en la isla
del pecho de tu madre.


Gran fe la nuestra
en estos tiempos inciertos
porque dejamos multiplicar en silencio
la célula que eras.
Entonces, los continentes sin nombre
daban forma a la oscuridad
y tú, aparición de ojos inacabados,
a la deriva con un cordón vital
y una cadavera translúcida.

Te sentiamos rondar,
acercándote al abril
de tu nacimiento.
¿Oiste nuestras voces de niño
llamándote entre las estrellas?
Si eres un augurio de los imperios
que se derrumban, protégenos del sendero
de fuego que consume
tu corazón de hielo y polvo.

Te envolvemos en una manta tibia
y me envuelves
un dedo con los tuyos.
Te damos un río de salmos en tu nombre.
Nos fijamos en los dos puntos de tus ojos.
En el caballete de la nariz, todavía tienes
una mancha de la sangre ritual de tu travesía.

Algún viento interior lleva
primero el miedo
y ahora su ausencia
por tu rostro.




Red voice from my sea,
flower from the fire
of love's summer,
forgive us for unlocking
your life and expelling you
from your perfect,
starless night.

It doesn't matter when it ended,
all the non-being
that increases
your magnitude now.
As you rise to give birth
to us, your heliotropic parents,
enter our eyes,
show is the burning sign,
efface us with the beauty
of our own image.

You came from the hurricane of a woman's
pain and flesh torn by storm.
Twisting through a single ring
in a butterfly of bone,
you, our philosopher's stone,
will sing to the shores
of spring, firstborn,
keel of blue light
that draws so little water,
shipwrecked and unfamiliar
with air on the island
of your mother's chest.

No faith was greater in times
like these than when we let
the cell you were
multiply in silence.
Soon, continents with no names
were shaping darkness: apparition
of unfinished eyes, you,
adrift with your lifeline
and translucent skull.

We could sense you circling
towards the day
of once in a lifetime.
Did you hear our voices
as children calling you among the stars?
If you are an omen
of empires that collapse,
protect us from the path of fire
eating your heart of ice and dust.

We wrap you in a blanket
and you wrap your tiny
fingers around one of mine.
We offer a river of psalms in your name.
We stare into the centers of your eyes.
On the bridge of your nose, there
is still the ritual blood from your passage.

Some inner wind blows
first fear
and now its absence
across your face.

Copyright © Steven F.White 2000 - publ. Verbum, Madrid 2000


next
index
translator's next