LA MANTIS RELIGIOSA THE PRAYING MANTIS
José Watanabe trans. C.A.de Lomellini & David Tipton
Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado
por el sol
hasta la mantis religiosa que permanecia inmóvil a 50 cm.
de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla
del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas,

confiando excesivamente en su imitación de ramita o
palito seco.
Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos
descubre,
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y
quebradiza cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había
destruido
a un macho
vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose,
llamando hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
y dispuesta.
Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le
hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita.


Las enciclopedias no conjeturan. Esta tampoco supone qué
última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta
del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
de agradecimiento.
My weary gaze strayed from the forest which was bluish
in the sun
to the praying mantis that remained motionless a few feet
from my eyes.
I was stretched out on the warm stones near the banks of
the Chanchamayo
and she remained in the same place, inclined forward, her
hands contrite,
trusting excessively in her imitation of a twig or dry stick.
I wanted to catch her, to show her that some eye will
always find us out,
but she disintegrated between my fingers like a brittle shell.



Browsing through an encyclopedia I realized I'd destroyed a male
an empty male.
Dispassionately the encyclopedia explains that the story
goes like this:
the male on his little stone, singing and swaying about, calls
to a female
who quickly appears at his side
perhaps too readily
too prepared.
For a mantis coitus lasts a long time.
As they're kissing
she slips a long tubular tongue into his stomach
and through her tongue injects a corrosive saliva, an acid,
that liquifies his internal organs
and the tissue of his furthest parts while giving him pleasure
and so while pleasuring him her tongue absorbs him,
sucking out every last drop of substance from his feet to his
brain,
and the male continues in this supreme schizophrenia from
copulation to death.
And finding him a shell, the female flies away, her tongue small once again.

Encyclopedias do not make assumptions. Neither should
we speculate about the last word
that remains fixed forever in the open mouth of the dead
male.
Though we should not deny the possibility of a word of
gratitude.
Copyright © José Watanabe 1997; trans. copyright © C.A.de Lomellini & David Tipton 1997. Publ.White Adder Press


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