de "LEONEL RUGAMA - 1949-1970"from "LEONEL RUGAMA - 1949-1970"
Julio Valle-Castillotrans. Dinah Livingstone
Aquí yazgo yo, Leonel Rugama Rugama,
dos veces Rugama y apenas mayor de edad
(y esto que dicen que 20 años no es nada).
Yo que amé los circos de pueblo
con las carpas desguasadas o llenas de remiendos,
azotadas como balandros por los vientos de enero.
Hijo de una cándida maestra de escuela
y de Pastor Rugama, el carpintero,
buen vicio barrigón, oloroso
al cedro aserrado en la tarde,
a quien mi alma hecha bala pasó
refilándole una de las piernas
en la insurección de septiembre.

Yo que me afané en buscar un rostro,
acaso el de Ella en las ventanillas
de todos los taxis y buses raudos y urbanos,
para jamás verla ni encontrarla,
sino hasta el último momento.
Cuando se agotó el parque
y halé el gatillo
la tuve cara a cara, frente a frente
y no me decidí a morir ni a rendirme
y gritando les menté a su madre.

Tiempos aquellos: morir, casi una tarea,
por eso acostumbré el paladar al café:
3 ó 300 tazas amargas en La India, en La Prensa
o en cualquier parte, en las vísperas de tu velorio.
A esa hora, la tristeza y la soledad
de quien una vez fue un joven profesor de matemática,
que anda a salto de mata,
se te suelta en poemas que son puñetazos.
A esa hora uno mismo dicta sus epitafios
y no carga luto -
tu camisola requeneta y tus zapatos tenis.
............
............
Here I lie, Leonel Rugama Rugama,
twice Rugama and hardly of age
(they say twenty is nothing).
I loved the people's circuses
with their tatty mended tents -
sails whipped by the January winds.
Son of a plain schoolteacher
and Pastor Rugama, the carpenter
with his good pot belly, smelling
of cedar sawn in the afternoon.
My soul revisited him as a bullet
grazing one of his legs
in the September insurrection.

I urgently looked for a face,
hers maybe, through all the taxi windows
and speeding urban buses.
But I never saw her
or met her until the end.
When the ammunition ran out
and I pulled the trigger,
face to face there at last she was.
I did not decide to die or surrender,
I shouted at them about their mother.

In those days dying was almost a duty
so I accustomed my palate to coffee
3 or 300 bitter cupfuls in La India,
La Prensa, wherever, keeping vigil for you.
At that hour the lonely gloom
of one who was once a young maths teacher
and now plays hide and seek,
breaks out in poems as good as punches.
At that hour you dictate your own epitaphs
and do not wear mourning -
your stocky vest and your tennis shoes.
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Copyright © Julio Valle-Castillo 1989; Trans. copyright © Dinah Livingstone 1989 - publ. Katabasis


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