EN UN CEMENTERIO DE LUGAR
CASTELLANO
IN A VILLAGE CEMETERY IN CASTILE
Miguel de Unamuno trans. Brian Cole
Corral de muertos, entre pobres tapias,
hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo
señala tu destino.

Junto a estas tapias buscan el amparo
del hostigo del cierzo las ovejas
al pasar trashumantes en rebaño,
y en ellas rompen de la vana historia,
como las olas, los rumores vanos.

Como un islote en junio,
te ciñe el mar dorado
de las espigas que a la brisa ondean,
y canta sobre ti la alondra el canto
de la cosecha.

Cuando baja en la lluvia el cielo al campo
baja también sobre la santa yerba
donde la hoz no corta,
de tu rincón ¡pobre corral de muertos!,
y sienten en sus huesos el reclamo
del riego de la vida.

Salvan tus cercas de mampuesto y barro
las aladas semillas,
o te las llevan con piedad los pájaros;
y crecen escondidas amapolas,
clavelinas, magarzas, brezos, cardos,
entre arrumbadas cruces,
no más que de las aves libres pasto.

Cavan tan sólo en tu maleza brava,
corral sagrado,
para de un alma que sufrió en el mundo
sembrar el grano;
luego, sobre esa siembra,
barbecho largo!

Cerca de ti el camino de los vivos,
no como tú, con tapias, no cercado,
por donde van y vienen,
ya riendo o llorando,
rompiendo con sus risas o sus lloros
el silencio inmortal de tu cercado!

Después que lento el sol tomó la tierra,
y sube al cielo el páramo
a la hora del recuerdo,
al toque de oraciones y descanso,
la tosca cruz de piedra
de tus tapias de barro
queda, como un guardián que nunca duerme,
de la campiña el sueño vigilando.

No hay cruz sobre la iglesia de los vivos,
en torno de la cual duerme el poblado;
la cruz, cual perro fiel, ampara el sueño
de los muertos al cielo acorralados.
Y desde el cielo de la noche, Cristo,
el Pastor Soberano,
con infinitos ojos centellantes
recuenta las ovejas del rebaño!

Pobre corral de muertos entre tapias
hechas del mismo barro,
sólo una cruz dístingue tu destino
en la desierta soledad de campo!
Farmyard of the dead, between poor walls,
also made of clay,
poor farmyard where the scythe does not reap,
only a cross in the deserted field
indicates your fate.

Close to these walls the sheep look for shelter
from the North wind that lashes them
as they move in a flock to new pastures,
and on these walls break the vain rumours
of vain history, like the waves.

Like a rocky island in June
the golden sea of the wheat
that ripples in the breeze surrounds you
and the lark sings its song above you,
to celebrate the harvest.

When the sky falls down on the field in rain
it also falls on the blessèd grass,
where the scythe does not reap,
in your corner, (that poor yard of the dead!),
and they feel in their bones the call
of the spraying waters of life.

Your walls of rubble and clay preserve
the wingèd seeds,
or the birds take pity on you and bring them;
and there grow in hidden places poppies,
pinks, camomile, heathers, thistles,
among neglected crosses,
merely food for free-flying birds.

They never dig in your luxuriant weeds,
sacred farmyard,
except to sow the seed of a soul
that suffered in this world;
then, over that seed,
the ground long lies fallow!

Beside you runs the road of the living,
not like you surrounded by walls, not fenced,
along which they come and go,
now laughing or crying,
breaking with their laughter or tears
the immortal silence of your garden!

After the sun has slowly sunk to earth,
and the bleak plateau rises up to the sky
at the hour of remembrance,
when the bell rings for prayer or rest,
the rough stone cross
on your clay walls
remains, as a guardian who never sleeps,
watching over the sleep of the countryside.

There is no cross on the church of the living
around which the village sleeps;
the cross, like a faithful dog, protects the sleep
of the dead, who are penned up in Heaven.
And from the night sky, Christ,
the Sovereign Shepherd,
with countless twinkling eyes
counts the sheep in the flock!

Poor sheepfold of the dead between walls
made of the same clay,
only a cross marks your fate
in the deserted wastes of the fields!

Trans. copyright © Brian Cole 2007


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