LOS MOLINOS DE DON QUIJOTEDON QUIXOTE’S WINDMILLS
Roberto Rivera-Reyestrans. Dinah Livingstone
Por entre laberintos de avisos luminosos
cadavéricamente galopa el caballero de la Mancha,
ornamento de sus armas, una máscara de gases
y enmohecida armadura sobre el cuerpo
que a duras penas resiste Rocinante.
En cada ciudad enfrenta a monstruosos bloques de cemento,
habla de paz a los lobos en una base coheteril,
discute con gigantes hélices pegadas al suelo contaminado
cual calavera de vaca sobre una estaca en el desierto.
Vuelan hojas de un periódico en desuso por las calles sucias
como retobos de existencias arrastradas por el viento
y en un esfuerzo sublime de concentración
quisiese parar el tiro que rompe la barrera del sonido
en loca carrera con el tiempo.
Chimeneas cual cañones disparan inmundicias hacia el cielo,
finalmente, todo baja por la garganta
y se pudre la manzana en su trayecto antes de tocar el suelo.
Fuente de lluvia ácida donde agonizan las palomas,
muerte amarilla en la imaginación ancestral, desolación,
tal desmembración de los últimos matices.
Maltrecho Don Quijote pasa sin tristeza ni dolor,
la hiel del nunca arrepentido, solo enfado,
su cruzada no acaba en este páramo.
Dulcinea su destino en un reino de pinos espaciales,
brazos folláceos que buscan
el equilibrio de las estaciones del año,
la bebida y comida autóctona, cantos.
Aún se lee en su estropeado emblema:
"Creo en la metamorfosis orgánica de la tierra"
y una brisa radioactiva diluye su silueta en otros horizontes.
Between labyrinths of luminous advertisements
gallops the cadaverous knight of La Mancha,
a gas mask's the crest of his heraldic insignia
and his armour rusts to his body,
painfully carried by patient Rocinante.
In every town he encounters concrete monstrosities,
he speaks of peace to wolves at a rocket base,
argues with giant propellers jammed in polluted earth
cattle skulls in the desert impaled.
Dead newspapers flap in the dirty streets,
packaging for lives blown on the wind
and a supreme effort of concentration
races with time to inhibit
the shot's supersonic boom.
Cannon-like chimneys disgorge their filth,
in the end it all goes down the throat
and the apple rots before reaching the ground.
Doves are poisoned by acid rain,
ancestral imagination's yellow death, desolation,
ultimate colours falling apart.
Battered Don Quixote goes on without sadness or pain,
in the gall of never repenting, only raging,
his crusade does not finish on this bleak moor.
He is going to Dulcinea in a kingdom of airy pines,
leafy arms balancing the year's seasons,
to his native food and drink, his songs.
Still his tattered emblem reads:
'I believe in the earth's organic metamorphosis.'
A radioactive breeze blurs his outline on others horizons.

Copyright © Roberto Rivera-Reyes 2002; trans. copyright © Dinah Livingstone 2002. Publ. Latin American Writers Publication.


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