PAN DE LA MEMORIA BREAD OF MEMORY
Guillermo Pilía trans. Brian Cole
He dejado a mis padres
en esa casa que fue alguna vez
del tamaño del mundo.
- Hay allí,
bajo esos zócalos, en cada grieta
de sus lajas, un tiempo en su sepulcro;
allí una hierba fina va creciendo
como la cabellera de los muertos -.
Estos pocos recuerdos son mis únicas
certezas por ahora.
- Y la infancia
- como una espina de naranjo verde -
es una extensa mañana de lluvia;
es un agua metálica y humilde
que hervía en grandes ollas
y el perfume del apio y del arroz,
del perejil y la albahaca. Más tarde
yo iría a revolver en los roperos
sin saber que otras vidas más profundas
perduraban detrás de las maderas.
Acaso no existía diferencia
entre el sueño y la vigilia, entre un lado
y el otro del espejo, del armario
- aquel en que un abuelo silencioso,
embutido entre los sacos decrépitos,
sonriente descansaba -. No sabía
entonces lo que vive o sobrevive
debajo de las lajas y los zócalos,
ni el destino del pelo y de las uñas;
hoy hablo - claro está - de aquellos años
en los que nunca sentía el temor
de vivir con las sombras, tan distantes
de otros que llegarían a traer
gota a gota la piedad y la pena.
¿Por qué será que ahora
casi nunca se despierta feliz
quien soñó con sus muertos?
Sólo tras muchos viajes por mi sangre
volvería a esos cuartos para hurgar
entre los sueños y entre los roperos,
igual que cuando era aquella casa
del tamaño del mundo.
- Hoy comprendo
que todo ese mosaico de vivencias
tuvo encaje y sentido en aquel tiempo:
las perchas, las cigarras, las sombrillas,
las cuentas de un collar, las flores rojas
que veía al despertar de la siesta.
Y el olor de la harina humedecida
con que se amasa el pan de la memoria.
I left my parents
in that house which was once
as big as the world.
- There is there,
under those foundations, in every crevice
of its stone slabs, a time in its sepulchre;
a thin grass is growing there
like the hair of the dead -.
These few memories are my only
certainties for the present.
- And childhood
- like a thorn on a green orange-tree -
is a long morning of rain;
it is a metallic and unassuming water
that boils in great pools
and the smell of celery and rice,
of parsley and basil. Later
I would go and rummage in the wardrobes
without knowing that other, deeper lives
were still surviving behind the wood.
Perhaps there is no difference
between sleep and waking, between one side
and the other of the mirror, of the wardrobe
- the one in which a silent ancestor,
crammed between the threadbare jackets,
is asleep, smiling -. I did not know
then what lives or what survives
under the stone slabs and the foundations,
nor what happens to hair and nails;
today I speak - obviously - of those years
when we never felt the fear
of living with shadows, so far away
from others that might come to bring me
drop by drop piety and distress.
Why is it that now
he who slept with his dead
hardly ever wakes up happy?
Only after many journeys through my blood
did I return to those rooms to stir up
among dreams and among wardrobes
just as when there was that house
as big as the world.
- Today I understand
that all that mosaic of experiences
had a framework and a sense at that time:
the coat hangers, the cigars, the parasols,
the bill for a necklace, the red flowers
that I saw on waking from my siesta.
And the smell of moistened flour
from which is prepared the bread of memory.

Copyright © Guillermo Pilía 1979; trans. copyright © Brian Cole 2004


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