CON ESTA MANO ... WITH THIS HAND ...
Rafael Felipe Oteriño trans. Brian Cole
Con esta mano, hecha de piel, de huesos, de repetidos
naufragios, de sospechas,
acaricié a un niño, corté unas flores, saludé, dije "adiós".
Levanté ciudades de hierro, de cal, de pétalos, de humo,
y habité en ellas como se habita la sombra de una estrella:
con hierro, con cal, con pétalos, con humo.
Me cubrí del sol, de la lluvia, de los malos pensamientos,
de la desidia,
e inventé la mañana, y cada mañana, el sol.
Recogí una piedra, le dije: "tú eres mi reino, mi altar, mi
zafiro;
contigo yo conversaré".
Pulsé la rama frágil de la belleza, que es verdad y sueño.
Crucé un río, avancé, me detuve, y estando colmado me
sentí vacío,
y estando vacío sentí la plenitud del vacío: la copa llena.
Hice un pozo en la tierra: lo llené de imposibilidad.
Abrí cajones cubiertos de polvo, arrastré una valija, palpé
en la oscuridad
una puerta que no estaba.
Dibujé una nube, la llamé: Ley, Oriente, Montaña.
Toqué un pez, toqué una rosa: eran iguales y distintos, en
los dos cabía un alma.
Me busqué en paraísos reales o soñados,
y cuando al fin me encontré, era yo el viajero y era yo el
término del viaje.
Disparé un arma: la herida fue borrada por los años,
pero hay una herida que no se borró y canta muy alto en
la noche.
Acaricié el lomo de un caballo, tapé el horizonte para que
no hubiera más distancia,
ni tempestad.
Y nunca dejó de ser mano: una parte de mí, la más débil,
capaz de esconder y de esconderse, de negar y de negarse;

la que habla aunque yo esté dormido,
la que nunca duerme y danza como Narciso.
Porque sus huellas están aquí y allá: en la silla, en la mesa,

en todas las puertas, en la hoja donde escribo, en la piel
que acaricio,
en la claridad, en la oscuridad.
Y no hay agua que borre tantas huellas,
ni noche, ni tempestad.
- Oh Dios, que haya un cielo para esta mano.
Hice innumerables viajes,
ninguno tan abrupto y largo, tan intenso,
como el que inicié con ella
quemando ramitas en el bosque.
Con esta mano, lo único que tengo.
With this hand, made of skin, of bones, of repeated wrecks,
of suspicions,
I caressed a child, cut flowers, waved, said 'Goodbye'.
I raised cities of iron, of lime, of petals, of smoke,
and I lived in them as lives the shadow of a star;
I covered myself with sunshine, with rain, with bad thoughts,
with idleness,
and created morning, and each morning the sun.
I picked up a stone and said to it: 'You are my kingdom, my
altar, my sapphire,
with you I will converse.'
I played on the fragile branch of beauty, that is truth
and dream.
I crossed the river, went on, stopped, and being fulfilled I felt
empty,
and being empty I felt the abundance of the void, the full cup.
I dug a well in the earth; I filled it with impossibility.
I opened trunks covered in dust, I pulled out a case, I touched
in the darkness
a door that was not there.
I drew a cloud, I called it Law, Orient, Mountain.
I felt a fish, I touched a rose; they were the same and different,
in both there was room for a soul.
I looked for myself in real or dream heavens,
and when I finally found myself, I was the traveller and I
the end of the journey.
I fired a weapon; the wound was erased by the years,
but there is a wound that was not erased and sings very loudly
at night.
I stroked the back of a horse, I blocked out the horizon so that
there was no more distance,
and no storm.
And I never stopped being a hand, part of me, the weakest part,
capable of hiding things and myself, of denying things and
myself;
that part that speaks even when I am asleep,
that never sleeps and dances like Narcissus.
Because its tracks went here and there: on the chair, on the
table,
on all the doors, on the paper where I write, on the skin I
caress,
in the light, in the dark.
And there is no water to wipe out such traces,
no night, no storm.
- Oh God, let there be a heaven for that hand.
I made innumerable journeys,
none so sudden and long, so intense
as the one I started with her
burning little branches in the forest.
With this hand, the only one that I have.

Copyright © Rafael Felipe Oteriño 1992; trans. copyright © Brian Cole 2004


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