GARCILASO DE LA VEGA GARCILASO DE LA VEGA
Tulio Mora trans. C.A.de Lomellini & David Tipton
(1539 -1616)

Vi salir al primer inca ... vi correr los cuatro indios
con sus lanzas; vi sacudir a toda los demás
gente común y hacer los demás ademanes;
viles comer el pan llamado "zuncu"; vi los hachos
llamados "pancucu"; no vi la fiesta porque fue
a deshora y yo estaba ya dormido ...
No recuerdo, imagino que recuerdo. Repetirlo me ha ocupado
hasta vaciar mis días de su carne.
El tiempo es siempre diferencia, duplica sus torturas
en mi sangre. Mi madre despreciada por mi padre
es la imagen de la alondra que ciega o loca penetró
dentro de mí a golpearse las alas con mis partes
encontradas. El doble que ahora soy es menos
que el dolor de simularlo, pero ¡cuánto
me he abismado, a cuál me pertenezco, quién
se mira en el espejo: el trágico o el simulador?
Acogido a los rincones de la soledad y pobreza,
único puerto y abrigo de los desengaños ...
El extranjero que me habita no es el niño que gastó
las piedras luminosas de su tierra, acariciándolas,
sino el hombre que vanamente se arrojó a los caminos
para esconder las huellas de su afrenta.
Pero nadie vive de autonegación.
El bastardo delatado marcha a las Españas y la guerra
donde otros bastardos matarán a más bastardos.
En la muerte somos multitud. A ella me conducen
mis sueños enlodados, mi soledad es como un trago
de niebla a medianoche y cómo invade
mi pobre flor de abril, cómo atraviesa mis lunas escarchadas.
Madura mi amargura en los textos del Hebreo,
arrumbado entre viñedos y eras de Montilla.
Tonto, además de ser bastardo,
inútil, porque desde que Horacio lanzó su maldición
no hay poeta que derrote a la pobreza.
Y sobre la página leída lloro a veces
y quisiera regresar al Cusco, tocar sus piedras,
y he aquí que las piedras las arrojan en mi frente.
En vano me han llamado los recuerdos, las cartas
de mis últimos parientes del Perú. Moriré entre yedras
y soleados patios, pero ajenos; moriré viendo pasar
una carreta con dos bueyes viejos hasta las cenizas
y qué me queda sino vaciar mis huesos
en la tierra de otra tumba, de otro cementerio general.
¿Pero que escritura ha de brotar de este dolor?
¿Por que escribo en una lengua to que no puedo en otra?
Cuando arribo a esta duda ya me reconozco en la traición.
Los dos hombres que de espaldas me habitaron
vuélvense y se tocan. Mi parte honrada es también
mi parte deshonrada, mi forma de vengar el fatum inmisericorde
de mi pueblo, pues no fue la cruz ni el arcabuz
los que hundieron a su tiempo, sino aquelas garrapatas luminosas
perpetuadas en la tela de la Biblia.
La página en blanco ha aceptado el desafío:
duplicarme en la tortura, repetir mis desalientos,
resentir mis resentimientos: Al Levante tiene por término
aquella jamás pisada de hombres, ni de animales
ni de aves, inaccesible cordillera de nieves ...
el placer que causa la palabra
es el dolor que causa la memoria, pero no tengo
más coartada (más mentira) que oponer
a la palabra del Poder el poder de la Palabra.
Ya han traspuesto el cerco del olvido
los que escombraron en mi alma, mientras mi libro
es el poema que reta transparente
las miserias del tiempo y sus, cronistas,
la belleza que derrota a la verdad
Otros hombres lo devoran en sus noches preocupadas
por la tromba de la guerra
y lo citan cuando suben al cadalso.
Y es el sueño que aún espanta a los gobiernos.
(1539 -1616)

I saw the first Inca come out... I saw the four Indians running
with their lances; I saw all the common people
shaking and making other gestures; I saw them eating
the bread called "zuncu "; I saw the bundles of straw
covered with pitch that they called "pancucu"; I did not see the celebration
because it was past my bedtime and I was already asleep...
I don't remember, I imagine I remember. Repeating it has kept me busy
until my days have been emptied of their flesh.
Time is always difference; it doubles its tortures
in my blood. My mother, scorned by my father,
is the image of the lark that blind or mad penetrated
me to beat its wings wherever
it touched me. The other person I am now is less
than the pain of pretence, but how incredible
have I become; to which do I belong? Who looks at
himself in the mirror, the tragic person or the pretender?
Given haven in corners of solitude and poverty,
the only door and shelter for disappointments ...
The foreigner within me is not the child who wore out
the luminous pebbles of his homeland by fondling them,
but the man who travelled in vain
to hide the traces of his dishonour.
But no one lives by self-denial.
The declared bastard sets off for Spain and the war
where other bastards kill more bastards.
In death we are legion. My besmirched
dreams lead me there, my loneliness is like a drink
of mist at midnight and it invades
my poor April flower and crosses my frosty moons.
My bitterness ripens in the Hebrew's texts,
boxed in between vineyards and garden plots of Montilla.
A fool, as well as a bastard,
useless, because since Horace damned us
no poet has overcome poverty.
And I weep at times over the page I read
and would like to return to Cuzco, touch its stones
instead of the stones they cast at me.
Memories, letters from my remaining relatives
in Peru have called me in vain. I shall die among ivy
and sunny patios, but far away; I shall die seeing
a cart with two oxen go by as old as ashes,
and what remains for me but to empty my bones
into the earth of another grave in another cemetery?
But what writings have to come from this pain?
Why do I write in one language what I cannot in another?
When I reach this doubt I see my treachery.
The two men who have lived back to back
turn round and touch each other. My noble part is also
the dishonoured, my way of avenging the pitiless fate
of my people, since neither the cross nor the arquebus
brought them down when their time came, but luminous ticks
that bred in the cloth of the Bible.
The blank page has accepted the challenge:
to double my torture, to discourage me repeatedly,
to feed my resentments over and over: to the East there is a boundary
where man, animal and bird have never been,
an inaccessible snow-capped cordillera ...
And the pleasure that the word creates
is the pain caused by memory, but I have no more
alibis, no more lies, with which to confront
the word of Power by the power of the Word.
Those who besmirched my soul have already crossed
the barrier of oblivion, while my book
is a poem openly challenging
the wretchedness of the time and those who told it,
beauty to defeat the truth.
Other men devour it in nights made anxious
by the whirlwind of war;
they quote it when they mount the scaffold.
And it is the dream that can still frighten governments.

Copyright © Tulio Mora 2001; trans. copyright © C.A.de Lomellini & David Tipton 2001. Publ. Redbeck Press


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