del "REY DE HARLEM"from "THE KING OF HARLEM"
Federico García Lorcatrans. Stephen Spender & J.L.Gili
Con una cuchara
arrancaba, los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.


Fuego de siempre dormía en los pedernales
y los escarabajos borrachos de anís
olvidaban el musgo de las aldeas.


Aquel viejo cubierto de setas
iba al sitio donde lloraban los negros
mientras crujía la cuchara del rey
y llegaban los tanques de agua podrida.


Las rosas huían por los filos
de las últimas curvas del aire,
y en los montones de azafrán
los niños machacaban pequeñas ardillas
con un rubor de frenesí manchado.


Es preciso cruzar los puentes
y llegar al rubor negro
para que el perfume de pulmón
nos golpee las sienes con su vestido
de caliente piña.


Es preciso matar al rubio vendedor de aguardiente,
a todos los amigos de la manzana y de la arena,
y es necesario dar con los puños cerrados
a las pequeñas judías que tiemblan llenas de burbujas,
para que el rey de Harlem cante con su muchedumbre,
para que los cocodrilos duerman en largas filas
bajo el amianto de la luna,
y para que nadie dude de la infinita belleza
de los plumeros, los ralladores, los cobres y las cacerolas
de las cocinas.


¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem!
No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos,
a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
a tu gran rey prisionero, con un traje de conserje.


Tenía la noche una hendidura y quietas salamandres de
marfil.
Las muchachas americanas
llevaban niños y monedas en el vientre
y los muchachos se desmayaban en la cruz del desperezo.


Ellos son.
Ellos son los que beben el whisky de plata junto a los
volcanes
y tragan pedacitos de corazón por las heladas montañas
del oso.


Aquella noche el rey de Harlem con una durísima cuchara
arrancaba los ojos a los cocodrilos
y golpeaba el trasero de los monos.
Con una cuchara.
Los negros lloraban confundidos
entre paraguas y soles de oro,
los mulatos estiraban gomas, ansiosos de llegar al torso
blanco,
y el viento empañaba espejos
y quebraba las venas de los bailarines.


Negros, Negros, Negros, Negros.

............
............
With a spoon
he scooped out the eyes of crocodiles
and spanked the monkeys on their bottoms.
With a spoon.


Fire of all times slept in the flints
and the beetles drunk with anis
forgot the moss of the villages.


That old man covered with mushrooms
went to the place where the Negroes were weeping
while the spoon of the King crackled
and the tanks of putrid water arrived.


Roses escaped along the edge of the final curves of the air,
and in the heaps of saffron
the boys were mauling small squirrels
with a flush of stained frenzy.



It is necessary to cross the bridges
and to reach the black murmur,
so that the perfume of lungs strikes our temples
with its suit of warm pineapple.



Necessary to murder the blonde seller of brandy,
and all the friends of the apple and sand,
necessary to bang with closed fists
the small Jewesses that tremble full of bubbles,
so that the King of Harlem sings with his multitude,
so that the crocodiles sleep in long rows
under the asbestos of the moon
so that nobody doubts the infinite beauty of funnels,
graters, feather-dusters, and saucepans in kitchens.



Ah Harlem! Ah Harlem! Ah Harlem!
There is no anxiety comparable to your oppressed scarlets,
to your blood shaken within your dark eclipse,
to your garnet violence deaf and dumb in the penumbra,
to your great King, a prisoner with a commissionaire's
uniform.

The night had a fissure and still ivory salamanders.

The American girls
arried babies and coins in their bellies
and the boys fainted stretched on the cross of lassitude.


They are.
They are those who take silver whisky near the volcanoes

and devour bits of heart through the frozen mountains of
the bear.


That night the King of Harlem with a very hard spoon
scooped out the eyes of crocodiles
and spanked the monkeys on their bottoms.
With a spoon.
The Negroes cried abased
among umbrellas and golden suns,
the mulattoes were stretching gum, anxious to reach the
white torso,
and the wind blurred mirrors
and burst open the veins of the dancers.


Negroes, Negroes, Negroes, Negroes.

............
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Copyright © Herederos de Francisco García Lorca.
Trans. copyright © New Directions Publishing Corp. and Herederos de Francisco García Lorca - publ. New Directions Publishing Corp.

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