EL SEÑOR DEL REBOZO THE LORD OF THE SHAWL
Juan de Dios Peza trans. Timothy Ades
Leyenda de la calle de S. Catalina
.........................................de Siena


Hubo entre las muchas monjas
obedientes a las reglas
que ha santificado el nombre
de Catalina de Siena,

una que fue vivo ejemplo
de humildad y de pobreza,
en sus costumbres sin tacha
y en su devoción discreta.

La juzgaron una santa
por sus virtudes austeras
cuando de cerca la vieron
en el coro y en la celda.

Era de familia pobre
de faz apacible y bella,
con los ojos siempre alzados
a la azul, celeste esfera.

Con tal tez limpia y brillante
cual pétalo de azucena
y los labios sólo abiertos
para la oración más tierna.

Esposa de Jesucristo
le amó con pasión tan ciega
que fue su divino ejemplo
su sólo norte en la tierra.

Costumbre de muchos años
fue para mujer tan buena,
después de extender la noche
sobre el mundo sus tinieblas,

sin ser vista por ninguno
bajar del claustro a la iglesia
y recatada en las sombras,
sola, en la na ve desierta,

arrodillarse temblando
ante la imagen excelsa
de un Nazareno que marcha
cargando la cruz a cuestas,

y con el llanto en los ojos,
y con palabras muy tiernas,
decirle que lo adoraba
con una pasión inmensa.

Que en él cifraba su dicha,
su esperanza hermosa y cierta
y que soñaba al mirarlo
en vida mejor y eterna!

La monja buscaba siempre,
en invierno, en primavera,
para su altar predilecto
en el jardín rosas nuevas.

Siempre en el altar ponía
con gran empeño las ceras,
a fin de que ni un instante
se hallase Jesús sin ellas.

Y en treinta años no dejaron
de arder las sagradas velas
ni halló en el altar ninguno
rosas ajadas y secas.

¡Siempre las flamas brillantes!
¡Siempre las rosas enhiestas!
¡Siempre el altar arreglado
y limpio como de fiesta!

El amor en las mujeres
hace prodigios sin tregua,
y más el amor del alma,
que nada pide a la tierra.

Con burdas y humildes tocas
sus gracias la monja vela
y tiene en vez de placeres
oración y penitencia.

Vive, como en los jardines
la pudorosa violeta,
escondida para el mundo
pero tranquila y contenta.

No conoce más amores
que el santo amo que la llena:
¡El amor al Nazareno
que carga su cruz a cuestas!

Y se siente tan dichosa
cuando de noche le reza,
y cuando en su altar le pone
fragantes las rosas nuevas

que sueña que ya disfruta
la sola vida que anhela,
la vida del amor puro,
la inacabable, la eterna.

En seis lustros, cada noche,
henchida de unción suprema
habló con Jesús a monja
sin que nadie lo supiera.

El tiempo no pasa en vano
para la frágil materia
que pierde con cada invierno
la galanura y la fuerza;

los robles de la montaña
a los años se doblegan
y el heno de sus altas copas
prende sus blancas guedejas.

La piadosa enamorada
de la más alta pureza,
enfermó al cabo, que todo
el que ama tanto se enferma.

Fue grande, dura, sin nombre,
su angustia, su oculta pena,
cuando a su santa costumbre
hubo que cortar por fuerza.

Postrada en el tosco lecho
y de lágrimas cubierta
oyendo sonar las horas
que ayer pasara en la iglesia:

"Señor" clamaba "no quieres
que te visite tu sierva;
que tu voluntad se cumpla
en los cielos y en la tierra.

"Ya no puedo dar un paso;
son cual de hierro mis piernas
y siento que por instante
me van faltando las fuerzas."

"¿Quién mantendrá ante tus plantas
siempre encendidas las velas,
lo mismo que tú mantienes
en el cielo la s estrellas?"

"Estará tu altar muy triste;
las flores estarán secas;
que ninguna ha de llevarte
cada noche rosas nuevas."

"¡Señor, si pudiera verte,
qué feliz entonces fuera!
Quiero mirarte un momento,
mirarte, y quedarme muerta!"

Al decir estas palabras
vió una claridad inmensa,
un fulgor como el que vierte
en lo alto la luna llena.

Vió después abrirse un muro
y parecer en la celda
la Imagen que veneraba
noche por noche en la iglesia.

Acercase el Nazareno
Y con voz dulce y serena:
"He venido a verte" dijo
"porque estás sola y enferma."

"Aún en mi altar se mantienen
ardiendo la mismas ceras
que tú encendiste, y las rosas
que me llevastes están frescas."

"Tu fé te salva; no sufras;
mira con amor tus penas,
eres la sierva de Cristo
y Cristo ampara a su sierva."

Vió la monja que la Imagen
iba a salir de la celda,
y como era noche horrible
de atronadora tormenta.

"Señor, no salgas" le dijo,
con voz lacrimosa y tierna:
"¿Cómo ha de mojar la lluvia
tu sacrosanta cabeza?"

"Nada tengo que ofrecerte,
mira cuan pobre es tu sierva,
pero toma este rebozo
de mi santo amor en prenda,"

"Y que te envuelva y te cubra
mientras bajas a la Iglesia."
Y cual si estuviera sana
Llena de vida y de fuerzas,

saltó del lecho la monja
dió algunos pasos resuelta
y envolvió del Nazareno
la luminosa cabeza.

A la mañana siguiente,
según dice la leyenda,
hallaron sobre su lecho
a la humilde monja muerta.

Emanaba su cadáver
fresco olor de rosas nuevas
y una luz cual la que vierte
en lo alto la luna llena.

Y cuentan que vieron todos
con indecible sorpresa,
dentro del sagrado nicho
en que la imagen se encierra,

al Nazareno, mostrando
del raro prodigio en prenda,
sobre su cuerpo el rebozo
que usaba la monja aquella.

En México, desde antaño
piadoso el pueblo celebra
en honor del Nazareno
que motiva esta leyenda,

año por año, en el templo
de Catalina de Sena,
el primer viernes de marzo,
una religiosa fiesta.

Acude al altar el pueblo,
pues según el vulgo cuenta,
si ante el Señor del Rebozo
treinta y tres credos se rezan,

de tres gracias que le pidan
una gracia nunca niega,
siempre que resulte justa
y al creyente convenga.

Así, peinando sus canas,
me lo contó una vieja
así lo digo peinando
las canas en mi cabeza.

Street legend of St Catherine of
...........................................Siena


Among the many nuns
who obeyed the rules
hallowed by the name
of Catherine of Siena,

there was one lively example
of humility and poverty,
flawless in her behaviour,
discreet in her devotion.

They judged her a saint
for her austere virtues
when they saw her from near
in the choir and the cell.

She was of poor family,
her face peaceful and lovely,
with eyes ever raised
to the blue heavenly sphere,

skin as clean and shining
as a lily petal
and lips open only
for the softest prayer.

Bride of Jesus Christ
she loved him with blind passion:
he was her divine example,
her one lodestar on earth.

The custom of many years
for such a good woman,
after night had spread
its shadows on the world,

was to go from cloister to church
unseen by human eyes,
and concealed in the darkness
in the empty sanctuary, al one,

she would kneel trembling
before the lofty image
of a Nazarene who walked
bearing the cross on his back,

and with tears in her eyes
and most tender words
to tell him she adored him
with an immense passion,

that in him she reckoned all her joy,
her lovely and certain hope,
and that she dreamed of seeing him
in the better, eternal life!

The nun sought always,
in winter, in spring,
fresh roses from the garden,
for her favorite altar.

She always with persistence
placed candles on the altar,
so that not for one instant
should Jesus be without them.

And in thirty years the sacred lights
never ceased to burn,
nor did anyone find on the altar
dry and withered roses.

Always shining flames!
Always roses standing tall!
Always the altar prepared
and clean as for a festival!

Love in women is able
to work wonders without pause,
yet more the love of the soul,
which asks nothing of the earth.

Under humble, common headcloths
the nun hides her graces
and has instead of pleasures
prayer and penitence.

She lives as in a garden
the modest violet lives,
secluded from the world
but tranquil and content.

She knows no loves
but the holy spirit that fills her:
love of the Nazarene
who bears his cross on his back!

And she feels so joyful
when she prays to him at night;
and, when she puts on his altar
the fresh fragrant roses,

she dreams she already enjoys
the only life she aspires to,
the life of pure love,
inexhaustible, eternal.

For thirty years, every night,
dripping with holy oil,
the nun spoke with Jesus
and nobody knew it.

Time does not pass in vain
for frail matter
that loses with every winter
its beauty and strength;

the oaks of the mountain
bow down to the years
and the leaves of their crowns
take on white tresses.

The pi ous one, who was in love,
she of the highest purity,
fell sick at length, as all those
fall sick, who love so greatly.

Great, hard and nameless
was her anguish, her secret sorrow,
when she had perforce
to break her holy custom.

Prostrate on her narrow bed
and all wet with tears,
hearing the hours strike
that yesterday she spent in church,

‘Lord’ she cried, ’you do not wish
your servant to visit you;
may your will be done
in heaven and on earth.

‘I can no longer take a step;
my legs are as iron,
and I feel in every instant
my strength is leaving me.

‘Who will keep the candles
always lit at your feet,
just as you keep
the stars lit in the sky?

‘Your altar will be very sad,
the flowers will be dry;
for none will bring you
fresh roses every night.

‘Lord, if I could see you,
how happy I should be!
I want to see you for a moment,
to see you, and to die!’

On saying these words
she saw a great light,
a radiance such as spreads
on high from the full moon.

Then she saw the wall open
and in the cell appeared
the Image she venerated
nightly in the church.

The Nazarene came to her
and said with calm, sweet voice
‘I have come to see you
because you are alone and sick.

‘On my altar the same candles
still keep on burning
which you lit, and the roses
you brought me are fresh.

‘Your faith saves you; do not suffer;
look on your pains with love,
you are the servant of Christ
and Christ protects his servant.’

The nun saw that the Image
was about to leave her cell,
and as it was a horrible night
of thunder and tempest,

she said tearfully and softly
 ‘Lord, do not go out:
how should the rain wet
your sacred head?

‘I have nothing to offer you,
see how poor is your servant,
but take this shawl
as a pledge of my holy love.

‘May it enfold you and cover you
while you go down to the church.’
And as if she were healthy,
full of life and strength,

the nun leapt from her bed,
quickly took several steps
and swathed the shining head
of the Nazarene.

The following morning,
so the legend says,
they found the humble nun
lifeless on her bed.

Her cadaver emitted
the sweet scent of fresh roses
and a light such as spreads
on high from the full moon.

And they relate that all saw,
with unspeakable amazement,
inside the sacred niche
that surrounds the Image,

the Nazarene, now wearing,
- as proof of the rare miracle -
about his body the shawl
which that nun used to wear.

In Mexico from time long past
the people devoutly celebrate,
in honor of the Nazarene
who inspires this legend:

year by year, in the shrine
of St Catherine of Siena,
on the first Friday in March
a religious festival is held.

The people gather at the altar,
then, as is commonly told,
if to The Lord of the shawl
thirty-three credos are prayed,

of three boons asked of him
one boon he never denies;
as long as it is quite  fair,
and to the asker’s benefit.

This much an old woman told me,
as she combed her gray hair.
This much I say, combing
the gray hair of my own head.


El primer viernes de marzo, en el templo
de Santo Domingo de la ciudad de México
y en la capilla de San Felipe de Jesús, de
Tenancingo, Estado de México, se venera
al Señor del Rebozo. La primera imagen
de este Cristo Nazareno se encontraba en
la Iglesia de Santa Catalina de Siena, junto
al convento de las dominicas. Ahí se originó
la leyenda que Juan de Dios Peza retomó en
este poema.

On the first Friday in March, in the
church of S. Domingo in Mexico City
and in the chapel of S. Philip of Jesus,
in Tenancingo, they worship the Lord
of the Shawl. The first image of this
Nazarene Christ was in the church of
S. Catherine of Siena, by the Dominican
convent, the source of the legend
recounted by Juan de Dios Peza in
this poem.

Published in Artes de México #90, Aug 2008. Trans. copyright © Timothy Ades 2009


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