SONATINA SONATINA
Rubén Darío tr. John Pierrepont Rice
La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña, dice cosas banales,
y vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz,
o en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
¡Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal!

¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste, la princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(la princesa está pálida, la princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que Abril!

- ¡Calla, calla, princesa - dice el hada madrina -,
en caballo con alas hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor!
The princess mourns - Why is the Princess sighing?
Why from her lips are song and laughter dying?
Why does she droop upon her chair of gold?
Hushed is the music of her royal bower;
Beside her in a vase; a single flower
Swoons and forgets its petals to unfold.

The fool in scarlet pirouettes and flatters,
Within the hall the silly dueña chatters;
Without, the peacock's regal plumage gleams.
The Princess heeds them not; her thoughts are veering
Out through the gates of Dawn, past sight and hearing,
Where she pursues the phantoms of her dreams.

Is it a dream of China that allures her,
Or far Galconda's ruler who conjures her
But to unveil the laughter of her eyes? -
He of the island realms of fragrant roses,
Whose treasure flashing diamond hoards discloses,
And pearls of Ormuz, rich beyond surmise?

Alas! The Princess longs to be a swallow,
To be a butterfly, to soar, to follow
The ray of light that climbs into the sun;
To greet the lilies, lost in Springtime wonder,
To ride upon the wind, to hear the thunder
Of ocean waves where monstrous billows run.

Her silver distaff fallen in disfavor,
Her magic globe shorn of its magic savor,
The swans that drift like snow across the lake,
The lotus in the garden pool - are mourning;
The dahlias and the jasmin flowers adorning
The palace gardens, sorrow for her sake.

Poor little captive of the blue-eyed glances!
A hundred negroes with a hundred lances,
A hound, a sleepless dragon, guard her gates.
There in the marble of her palace prison
The little Princess of the roving vision,
Caught in her gold and gauzes, dreams and waits.

"Oh" (sighs the Princess), "Oh, to leave behind me
My marble cage, the golden chains that bind me,
The empty chrysalis the moth forsakes!
To fly to where a fairy Prince is dwelling -
O radiant vision past all mortal telling,
Brighter than April, or the day that breaks!"

"Hush, little Princess," whispers the good fairy,
"With sword and goshawk; on his charger airy,
The Prince draws near - the lover without blame.
Upon his wingéd steed the Prince is fleeting,
The conqueror of Death, to bring you greeting,
And with his kiss to touch your lips to flame!"

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