CÁRMIDES CARMIDES
Carlos Barbaritotrans. Brian Cole
A Estela Guedes

I

¿En sueños? Lenta lluvia de hojas
secas, que aún no concluye. Por el aire,
lo que sin dar sombra se difunde,
lo que sin luz aparente deslumbra.
Huye de si mismo el pájaro. Queda
un vacío que nada ni nadie ocupa.
Es niebla cuanto cabe. Es papel,
reflejo, eco.
Una figura
en lo remoto se desdibuja.
Inútil esbozo, grito de animal
entre las llamas. ¿Hubo
cortina sin rasgadura,
mirada sin velo y, adelante,
agua con su cauce y desembocadura?


II

En silencio, con los ojos abiertos,
se sumerge. Sin testigos.
Lejos de los barcos pintados,
de los remos, del Pez
y los peces. Ahora
todo es tiempo, muerde los muros,
los hijos, arroja ceniza
sobre las ciudades.
En el fondo apenas una chispa.
Apenas algunas hojas secas,
un fruto que nadie come
en el aire se pudre.


III

Un árbol desatado, suspendido sobre la corriente.
Las preguntas de los tallos, en la savia la respuesta.
¿Quién se desnuda, se pinta el vientre,
se ofrece a la casi luz, casi penumbra?
El Eje del Mundo, el punto exacto, el centro.
Pero el deseo falla, la razón falla.
Y la casa está vacía.


IV

¿Es la vigilia ahora? Relámpagos.
Lejanos, detrás de los últimos árboles.
Tiene que haber un hombre allá,
con él una mujer. Huesos,
nervios, desdichas, palabras,
líquidos, hambre y sed.
Con ellos ni mi sombra estuvo.
Aquí sólo ras de tierra, breve océano mudo,
papeles esparcidos.
¿Es la vigilia
torpe calotipo que se consume?


V

En el sitio de las olas, pozo.
Barco de frágiles vértebras, donde existo.
Se hiela la memoria al borde
de un seno oscuro, ciego. Exilio.
Quien come siente culpa.
Quien ayuna ve caer el cielo de a pedazos.
Entonces, ¿ya se dijo todo,
historia: menos que bestia, espantajo?


VI

Enfrente, figuras puestas en hilera,
desnudas o apenas vestidas
con retazos de lo que pudo ser
y no fue. Ligera niebla
entre ellas y yo,
pero de todos modos
ligera materia de extranjería,
de casi muerte.
Viven en casa hueca, sin gracia.
Vivo en casa llena, igual de descolorida.


VII

En este suelo, diseminados. Arriba,
cuanto hiela. Abajo, cuanto arde y crepita.
Sopla un juicio confuso,
que no distingue culpables
de inocentes.
Un insecto
empuja una bola de barro;
un niño delira por la fiebre
y ve lo que mañana
será su demencia o su arte.
Agua viscosa dentro de un cráneo.
Y en alguna parte,
lo obviado, escarnecido,
para tantos, sucio, impío,
incapaz de dormir, de despertar,
vientre que ningún animal husmea,
espalda que se apoya contra muros
que apenas dan reparo
a hierbas duras, sin flores ni perfumes.
Adonde desde siempre me dirijo.

22 al 25 de noviembre de 2002
A Estela Guedes

I

In dreams? Slow rain of dry
leaves, that still does not end. In the air
what is diepresed without giving darkness,
what dazzles without visible light.
The bird flees from itself. There remains
a void that nothing and no-one fills.
There is fog to fill the world. There is paper,
reflection, echo.
A face
in the distance fades away.
Useless sketch, an animal cry
in the flames. Did it have
a curtain with not tear,
a gaze with no veil and, ahead,
water with its bed and mouth?


II

In silence, with eyes open,
it submerges. With no witnesses.
Far from the painted ships,
from the oars, from the Fish
and the fishes. Now
all is time, it eats away the walls,
the sons, throws ashes
over the cities.
At bottom scarcely a spark.
Scarcely a few dry leaves,
a fruit that nobody eats
rots in the air.


III

An uprooted tree, hanging over the stream.
The stems pose the questions, the sap replies.
Who is undressing, painting her belly,
offering herself to the half light half shadow?
The Crux of the World, the exact point, the centre.
But desire fails, reason fails.
And the house is empty.


IV

Is it now the vigil? Lightning flashes.
Far away, behind the last trees.
There must be a man there,
with him, a woman. Bones,
nerves, misfortunes, words,
liquids, hunger and thirst.
My shadow was never with them.
Here only level ground, the small mute ocean,
scattered papers.
Is it the watch,
a crude calotype that is consumed


V

Where the waves are, a well.
A ship of fragile vertebrae, where I exist.
Memory freezes beside
a dark breast, blind. Exile.
If you eat you feel guilty.
If you fast you see the sky fall to pieces.
Then, has all now been said,
history: less than a beast, a scarecrow?


VI

In front, figures lined up in a row,
naked or hardly dressed
with traces of what might have been
and was not. A light mist
between them and me,
but at any rate
a light covering of foreignness,
of almost death.
They live in a hollow house, with no grace.
I live in a full house, equally colourless.


VII

On this ground, scattered. Up there
when it freezes. Down here when it burns and crackles.
A confused trial is blowing in the air,
that does not distinguish the guilty
from the innocent.
An insect
pushes a ball of mud;
a child is delirious with fever
and sees what tomorrow
will be his madness or his art.
Viscous water in a cranium.
And somewhere
what has been avoided, ridiculed,
for so many, filthy, wicked,
unable to sleep, to wake,
a belly that no animal scents,
a shoulder that leans against walls
that scarcely give shelter
to harsh grasses, with no flowers or perfume.
That is where I have always headed.

22-25 November 2002

Copyright © Carlos Barbarito 2002; Trans. copyright © Brian Cole 2003


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